Salimos.
Estuvo todo muy bien, me dijo que estaba lindo, que le gustaba mi pelo. Para no sentirme incómodo luego, le dije lo mismo (ese es el protocolo, no?).
Reímos un rato de la redundancia, de la sociedad, de que todo era igual y de que los procedimientos para relacionarse eran siempre lo mismo: la gente era tonta, y pisaba la misma piedra hasta el hartazgo (a pesar de que respetando cuidadosamente todos esos patrones nos habíamos conocido).
Esperé a que fuera sugerente por tercera vez y decidí darle un beso (me imaginé que en esos códigos nos ibamos a manejar de ahora en más) y me esmeré en ser educadamente prolijo. Se hizo más tarde, el sol dejó de pegar fiero y nos fuimos.
No quiero caer en lo redundante de cualquier relato pedorro de dos personas que se ven, o se besan, o siguen un protocolo...
Tampoco quiero caer en la hipócrita crítica a las redes, ni a las relaciones, ni a la era en la que vivimos, ni a nada, pero...
En qué estamos pensando?
Vamos rascando por ahí, en cada agujerito carroña, seleccionando con masturbatoria satisfacción a nuestras próximas posibles cenas. Nos hacemos evidentes (y cada vez menos), y con un par de guiños bien ambiguos, de un día al otro simplemente te volvés parte de la vida de alguien que te calienta.
Seleccioná palabras interesantes o afirmaciones brillantes para demostrar que sos la mejor opción de esa baraja de epilépticos autómatas que respiran por la boca y se sacan fotos mirándose al espejo, ¡hacete ver!... y una vez que todo, pero todo se volvió evidente, que ya se exterminó toda pregunta, misterio o reserva acerca de tu personalidad, de tus gustos o bien de tu cuerpo, sucede el milagro: Decidís que capaz 'tendríamos que vernos algun día'...
Es complejo, porque ya te aprendiste desde qué temperatura exacta le gusta para ir al parque (en grados kelvin, celsius y fahrenheit, por supuesto), cuál es su gusto de helado preferido, cuántos ex tiene (nombre, apellido y dni), cuál parte de su cuerpo le gusta más, si es compatible según el horóscopo, cuántos hermanos tiene, qué cigarrillos fuma, cómo se lleva con sus tías, de que lado de la cama le gusta dormir más, si ronca, si duerme, si caga en baño ajeno, si se pone de mal humor cuando menstrúa, si se durmió viendo El Padrino o si le gustan los gatos, pero te faltó un detalle...
No aprendiste a mirarla a los ojos.
Mientras los vecinos obedientes de la ciudad aceptaban pasivamente un casamiento imperdonable, se oyó una voz que resonaba desde algún patio:
—¡Hijos de puta! ¡Despierten! El arte es grande y la vida es breve. Apaguen el televisor y salgan a la calle a vivir, a vivir que nos estamos muriendo...
-Alejandro Dolina
1 ilusos lo asumieron:
Si aprendo a mirarla a los ojos, y me gusta lo que veo? y si no?
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